Apareció en el cielo una gran seZal,

una mujer envuelta en el sol, con

la luna bajo sus pies y una corona

de doce estrellas sobre su cabeza…

(Apoc. XII, 1)

El único retrato de procedencia auténticamente divina que posee el mundo de la Santísima Virgen, es sin dudarlo la Imagen Sacrosanta de Guadalupe.

Esta pintura gráfica, la única que Dios ha hecho de su excelsa Madre, coincide perfectamente con la pintura que, de su Esposa, el Espíritu Santo nos revela en el Apocalipsis de San Juan.

 ¿Es acaso la aparición de la Virgen de Guadalupe el cumplimiento de dicha revelación?…

Nadie podrá negar que todo cuanto en la descripción, hecha por el santo apóstol, coincide con lo que la Imagen de Guadalupe nos muestra; puesto que la revelación nos dice que era una mujer envuelta en el sol…  pues la Guadalupana se nos presenta rodeada por los rayos del sol, o mejor dicho eclipsando a este astro; la revelación refiere que tenía la luna bajo sus pies… pues también la Guadalupana tiene la luna a sus plantas y no dudemos que también se nos presenta coronada, ya no de doce estrellas como nos lo narra San Juan, sino de doce rayos que circundan su adorable cabeza.

Sin embargo, no nos confundamos, las palabras inspiradas del apóstol, en su sentido literal, como las toman algunos exégetas o expertos en las Sagradas Escrituras, se aplican al cuerpo virginal de María, de modo que este retrato nos presenta la vida glorificada y eterna de la Madre de Dios después de su gloriosa asunción.

Pero lo más relevante que nos presenta esta Sagrada Imagen, es que ha captado la atención no tan sólo de un círculo muy reducido de ignorantes o sencillos, sino que ha ido más allá, captando la atención tanto de creyentes como de incrédulos, asombrando a los cultos y a los que se precian por sabios; por lo cual se llega a traslucir el origen sobrenatural de esta bendita Imagen.

Introducción

Así que, la finalidad de esta conferencia será mostrar, con la ayuda de Dios, ¡qué ha visto el hombre en esta imagen que le ha cautivado!, aun cuando hablemos acerca de diferentes círculos culturales, pues la veremos a través de la apreciación que obtienen los sencillos e ignorantes, desconocedores de todo arte o ciencia (como lo fueron los primeros indios del Nuevo Mundo); la veremos, también, a través de la apreciación que tienen los artistas, con ese ojo clínico que ve codificada a la belleza en un conjunto de reglas y proporciones; y por último a través de la apreciación, tan distinta, que logran tener los científicos, los cuales tan sólo se doblegan ante los resultados salidos del laboratorio.

Pero, ¿cuál es la relevancia de mostrar lo que esta imagen ha logrado captar en la atención de estos tres tipos de hombres: el sencillo, el artista y el científico?…

Es el hecho de poner de manifiesto el origen divino de esta Sagrada Imagen, pues sólo la belleza que elabora el Artífice Divino es capaz de llenar por completo la atención de estos tres tipos de hombres, quedando así de manifiesto su sello divino. ¡Sí!, ya que si hablamos, por ejemplo, de una obra de arte, ya sea una pintura, una obra musical, etcétera, encontramos que sólo puede ser apreciada por un círculo muy selecto de conocedores, dejándonos tal vez a la mayoría de nosotros fuera de la gloriosa contemplación; ahora, ¿qué decir del campo científico tan apasionante para los físicos y matemáticos con sus especulaciones, fórmulas e invenciones? Es una pasión que no es por mucho del agrado de una  mayoría.

Sin embargo si nuestra atención la fijamos en algo que haya sido creado por Dios y no por industria humana, sin duda, podemos ver que todos encontramos algo que contemplar. Porque si hablamos de la luna, vemos claramente que su naturaleza atrae a los ignorantes, por su belleza manifiesta (los cuales no toman en cuenta ninguna regla del arte); y qué decir del artista, el cual se eleva en contemplación, al notar esta belleza, la cual le hace crear obras de arte; o qué decir del científico que encuentra en este mismo astro algo que despierta su curiosidad y que le hace analizarlo a través de sus numerosos inventos científicos, llegando a descubrir en su naturaleza, cosas que le asombran y subyugan.

Pues de un modo análogo, esta Sagrada Imagen de Guadalupe, plasmada en el grosero ayate del pobre indio Juan Diego, ha podido captar su atención de un modo semejante como lo vamos a ver…

La tilma a través de los ojos de los indios

 Comencemos por ver qué es lo que atrajo tanto la atención de los primeros indios, sencillos e ignorantes, al contemplar esta bendita imagen:

Corría el aZo de 1531, habían pasado ya diez aZos del sometimiento del Imperio Azteca al dominio espaZol reconociendo su gobierno; con los conquistadores habían venido también los ministros de Jesucristo, su celo por la salvación de las almas indígenas, les devoraba; predicaban, trabajaban día y noche sin descansar. Trepaban riscos inaccesibles; se exponían a todos los peligros por salvar a estas almas que vivían ofreciendo sacrificios humanos a los mismos demonios, a los cuales tenían por dioses, sacrificando así tan sólo en México 20 mil seres humanos al aZo y 100 mil en todo el Imperio.

Sin embargo, a pesar de sus titánicos esfuerzos, en estos diez aZos, pocos indios se habían convertido, puesto que permanecían obstinados en la idolatría. Mas un 12 de diciembre del mismo aZo de 1531, desde el Tepeyac, acabó la Virgen Santísima con la idolatría, los sacrificios, la poligamia, e hizo de sus indios una de las más impresionantes transformaciones o conversiones en masa en todo lo largo de la historia cristiana; y así los diez aZos siguientes sólo los franciscanos bautizaron 10 millones, según lo refiere el padre Motolinía, cifra increíble e imposible de no mediar la Virgen guadalupana que habló al corazón de los nativos y les movió a presentarse en hileras interminables, que los misioneros no sabían cómo atender. Y así refiere el mismo padre Motolinía que eran tantos los que pedían el bautismo, que los sacerdotes no podían levantar el brazo de cansancio y por traer en las manos el jarro de agua para bautizar, se les hacían callos y hasta llagas.

¿Qué es lo que contemplaron los ojos de estos pobres indios, que les hizo correr en cientos de miles hacia los misioneros, para ser bautizados?…

                             

Descripción de la Imagen por Antonio Valeriano

La siguiente descripción de la Santa Imagen está tomada del libro intitulado Nican Mopohua, escrito por Antonio Valeriano, indio contemporáneo a las Apariciones y que sería imposible juzgar que no conociera a los protagonistas de la Aparición; éste escribió su libro alrededor del aZo de 1570, esto es, a escasos 39 aZos de las Apariciones, y de cuyo testimonio habla por sí solo su dignidad, pues, además de haber ocupado la cátedra del primer Colegio en México, por su máximo aprovechamiento, en vida se dijo de él que como intérprete de antigüedades, era el general  y más sabio; como latino, hablando ex tempore, se le comparó con Cicerón y Quintiliano; como nahuatlato consumado, no le hallaron rival; le enaltecieron como uno de los mejores retóricos salidos del mencionado Colegio llamado de Santa Cruz, esto entre otras cosas. Pero baste lo dicho para resaltar la calidad del testimonio descriptivo que viene a ser el siguiente:

Es tan alta la bendita imagen, nos refiere, que empezando en la planta del pie, hasta llegar a la coronilla, tiene seis jemes y uno de mujer (jeme es la distancia que hay desde la extremidad del dedo pulgar a la del dedo índice, separando el uno del otro lo posible. El hombre es unos centímetros más grande que el de mujer), esto es 1.43 m de altura.

Su hermoso rostro es muy grave y noble, un poco moreno (el cual, podemos agregar, coincide con una joven de unos 14 a 15 aZos de edad, de la misma edad que la viera el vidente Juan Diego; pues como nos dice un fiel historiador, los indios eran muy respetuosos con sus superiores de modo que al decirle Juan Diego a la Santísima Virgen mi niZa…, es porque realmente así la veía).

Su precioso busto aparece humilde, están sus manos juntas sobre su pecho, hacia donde empieza la cintura.

Es morado su cinto. Solamente su pie derecho descubre un poco la punta de su calzado color de ceniza.

Su ropaje, en cuanto se ve por fuera, es de color rosado, que en las sombras parece bermejo y está bordado con diferentes flores, todas en botón y de bordes dorados.

Prendido de su cuello está un anillo dorado, con rayas negras al derredor de las orillas, y en medio una cruz.

Además, de adentro asoma otro vestido blanco y blando, que ajusta bien en las muZecas y tiene deshilado el extremo.

Su velo, por fuera, es azul celeste; sienta bien en su cabeza; para nada cubre su rostro, y cae hasta sus pies, ciZéndose un poco por en medio; tiene toda su franja dorada, que es algo ancha, y estrellas de oro por dondequiera, las cuales son 46.

Su cabeza se inclina hacia la derecha, y encima sobre su velo, está una corona de oro, de figuras ahusadas hacia arriba y anchas abajo.

A sus pies está la luna, cuyos cuernos ven hacia arriba; se yergue exactamente en medio de ellos y de igual manera aparece en medio del sol, cuyos rayos la siguen y rodean por todas partes; son 100 los resplandores de oro, unos muy largos, otros pequeZitos y con figuras de llamas; doce circundan su rostro y cabeza, y son por todos 50 los que salen de cada lado.

Al par de ellos, al final, una nube blanca rodea los bordes que forman el contorno de la imagen.

Esta preciosa imagen, con todo lo demás, va corriendo sobre un ángel, que medianamente acaba en la cintura, en cuanto descubre, y nada de él aparece hacia sus pies, como que está en la nube.

Acabándose los extremos del ropaje y del velo de la SeZora del cielo, que caen muy bien en sus pies, por ambos lados los coge con sus manos el ángel, cuya ropa es de color bermejo a la que se adhiere un cuello dorado y cuyas alas desplegadas son de plumas ricas, largas y verdes, y de otras diferentes.

La van llevando las manos del ángel que al parecer está muy contento de conducir así a la Reina del cielo.

Esta es, pues, la descripción que de la Bendita Imagen hiciera Valeriano ha más de 4 siglos y que el día de hoy se nos presenta de la misma manera sin perder por ello un ápice de su belleza.

¿Fue suficiente la vista de esta bendita imagen?…

Sin dudarlo podemos decir que sí, ya que a la vista de esta imagen ellos entendieron lo que Ella sin palabras les quería decir. ¿Cómo es esto?…

La Sagrada Imagen, vista por los indios del Nuevo Mundo, fue como un libro escrito en pictografías (en dibujos) como lo eran sus libros, y de este modo comprendieron el sentido del mensaje escrito en esta Pintura, el cual Ella les quería transmitir, que era el siguiente:

Escritura ideográfica

Rayos: Nuestra SeZora aparece rodeada por los rayos del sol, sin embargo Ella lo eclipsa con su cuerpo. Esto significó para los indios, que adoraban al sol, que Ella era más poderosa que su dios sol, y a la vez que, el ser humano representado por Ella demostraba ser más grande que el sol, por lo tanto el sol no era un dios.

 Broche: Ahora Ella lleva una cruz negra engastada en un broche de oro el cual lleva al cuello, la misma cruz que los indios vieron en las velas de los barcos de Cortés y en las banderas del ejército conquistador. Esto indicó entre otras cosas a los indios, que Cortés y los misioneros, al igual que Ella, tenían la misma religión: el culto a la Cruz.

 Túnica: La túnica de color azul y verde, era reservada a los reyes, y en la creencia de los aztecas este color pertenecía a la divinidad. Además estaba adornada de estrellas de oro, luego Ella se mostraba más poderosa que las estrellas las cuales adoraban como a dioses.

 Túnica interior: El cuello y mangas están forrados con piel blanca, aparentemente de conejo; esta marca representaba para ellos la realeza, por tanto Ella era reina.

 Flor: La flor, que es de cuatro pétalos y se encuentra adornando el vestido de la Santísima Virgen, les mostraba la presencia de Dios en Ella, la plenitud; pues esta flor era para ellos el símbolo principal y máximo que les representaba la presencia de Dios, la plenitud, el centro del espacio y del tiempo.

 No era diosa: Sin embargo, no es una diosa, puesto que sus manos están dobladas en actitud de súplica y su postura indica que está intercediendo por ellos ante el trono del verdadero Dios invisible, pues sus manos juntas denotan la actitud de quien ora y su cabeza inclinada manifiesta reverencia hacia alguien Superior.

 Cinto: El cinto les mostraba que Ella estaba embarazada y el hecho de que el cinto cayera formando dos extremos trapezoidales les indicaba en su lenguaje el fin de un ciclo y el nacimiento de una nueva era. Además su embarazo se constata por la forma aumentada del abdomen, donde se destaca una mayor prominencia vertical que transversal, lo cual corresponde a un embarazo casi en su última etapa.

 Cabello suelto: Lo aparentemente contradictorio es que también lleva el cabello suelto, lo que entre los aztecas era seZal de virginidad, por lo que entendieron por la imagen que era Virgen y Madre a la vez.

 Luna: Está pisando una luna en creciente y de color oscuro. La luna en creciente era la idea -vocablo de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, otra deidad igualmente importante para ellos; dios a quien ellos adoraban con una religión de temor y a quien aplacaban por medio de sacrificios humanos. De modo que el estar María de Guadalupe pisando la luna, les revelaba que esta SeZora era más poderosa que su dios- serpiente, y que ya no necesitaban aplacarle con sacrificios humanos.

 Ángel: El ángel que la lleva era semejante a los que se habían aparecido aZos atrás al Rey de Texcoco, Netzahualcóyotl, en 1464 y a Papatzin, hermana de Moctezuma II, en 1509; ambos ángeles tenían el signo de la cruz negra en la frente y también ambos dijeron que eran mensajeros del verdadero Dios invisible, Creador de todas las cosas, palabras que usó la Virgen Santísima con Juan Diego para identificarse: Soy la Madre del verdadero Dios por quien se vive. Por último, el hecho de que el ángel sujetara los dobleces de su manto y vestido indicaba para ellos que Ella venía del cielo.

Y así lo que no pudieron tantos sermones y buenos ejemplos de los misioneros, las lecciones contenidas en la Santa Imagen milagrosa, lograron el triunfo de esta gigantesca tarea.

La tilma a través de los ojos de los artistas

Hemos visto cómo la Santa Imagen conmovió a los sencillos, ahora pasemos a ver cómo esta misma bendita imagen sorprendió a los cultos, a los críticos del arte.

El arte en un principio no se ocupó de la Sagrada Imagen, pues como testificó el padre Cabrera, hasta 1629, después de casi un siglo de la milagrosa aparición, eran rarísimas las copias hechas de la santa imagen;  pues no había en esa época un solo hombre capaz de pintar algo remotamente parecido, pues los indios no tenían aún las técnicas europeas y los espaZoles eran apenas guerreros muy ocupados en la conquista todavía inestable.

No fue sino hasta el aZo de 1666 (20 de marzo) que se reunió una comisión de siete pintores, los más afamados que en aquellos días se pudieron hallar, para que estudiaran y analizaran la pintura impresa en el ayate. De nuevo en 1751 (30 de abril), Miguel Cabrera, llamado con razón el Miguel Ángel mexicano y tres pintores de renombre, volvieron a realizar por separado nuevos estudios de l pintura. De entonces, hasta nuestros días,  se han repetido estos análisis, cada vez con mejores medios, según que la ciencia avanza y facilita sus progresos.

Pasemos a conocer lo que han dado a luz dichas investigaciones en la pintura del ayate según el testimonio jurado de personas probadas en la materia.

Ayate:ningún artista humano hubiera escogido, para ejecutar una obra de tal magnitud, una tela o lienzo de la calidad del ayate, y mucho menos con una costura al centro… palabras del profesor Francisco Camps Ribera, de Barcelona, reconocido mundialmente como experto en pintura, en 1963. A semejante conclusión llegaron Miguel Cabrera y los pintores que han examinado la tela en que se imprimió la Bendita Imagen. ¿A qué se debe esta conclusión?…

Según descripción de las informaciones obtenidas en 1666, sobre la tilma de Juan Diego, era un ayate con el que se cubría todo el cuerpo hasta la rodilla, de hilo tan burdo y basto que sacan de la planta que llaman maguey, que aun acabándola de tejer queda con el mismo grosor y aspereza, que por ninguna manera es capaz de poder pintar en él ningún santo; a este parecer se suman los testimonios de los viejos de Cuautitlán que en el mismo informe de 1666, dijeron que por ser el ayate ralo y no tupido se cernía tierra, y que como burdo y basto era incapaz de sujetar pintura; ni aun consentía rayas de carbón o tinta.

No obstante esto, y que logró asombrar a los críticos del arte, es la contradictoria suavidad que se experimenta al tocar dicho ayate, pues toda aspereza que ofrece a la vista (y que por sí debiera tener) se convierte al tacto en una apacible suavidad muy semejante a la fina seda y esto sólo por la parte de enfrente pues por la parte trasera de la imagen, conserva su aspereza; siendo esto una cosa difícil de alcanzar y definir.

 Aparejo: Cuando el pintor se dispone a plasmar una imagen en cualquiera tela o superficie, le es necesario disponerla de tal manera que le proporcione un aislamiento entre la pintura y su soporte, para evitar los peligros de alteración y destrucción, además de servirle para hacer tratable la superficie y para que el pintor pueda pintar sin las molestias de los hilos, evitando con ello el impedir el paso de los colores, lo cual es llamado en el arte de la pintura aparejo.

Pues bien, la tela guadalupana como lo testificaron los pintores de 1666, que la llegaron a ver sin ninguna protección, afirmaron con juramento que dicha imagen carece de aparejo pues, entre otras cosas, viéndola por el reverso se ve transportada toda la imagen con todos los colores los cuales se logran observar por el haz de luz; lo que sería naturalmente imposible si hubiera aparejo, a esto se une el testimonio que un siglo después diera el pintor Cabrera, que al ver la imagen también por el reverso a través de las hendiduras que separaban las dos láminas de plata (con que habían cubierto las espaldas de la imagen) pudo distinguir con claridad y distinción los objetos que estaban del otro lado, como si viese a través de una celosía, lo que el aparejo lógicamente impediría pues como dijimos éste consiste en formar una capa entre la pintura y la tela para proporcionarle al pintor una superficie tratable al rellenar los imperfectos de la tela.

Estudios hechos recientemente revelaron que los colores no penetraron en los hilos de la tilma. Pues mirando las diferentes partes de la imagen donde los hilos se encuentran sin pintura, se ve el color natural de la fibra. De modo que si los colores no penetraron dentro de la tela, quitando la imagen nos quedaría la tilma como era antes de tener la imagen, una prueba más de su origen sobrenatural.

 Colores: Sin embargo, han existido pintores que no han dudado en afirmar lo contrario, esto es, que la Sagrada Imagen tiene el aparejo suficiente; y esto responde a otra no vulgar singularidad que en su tiempo también engaZó, a primera vista, al célebre pintor Cabrera como él mismo lo testifica diciendo que, al parecer en esta sagrada imagen concurren cuatro modos, especies o estilos de pintura; decimos al parecer porque las autoridades pictóricas que han analizado la imagen –en todas las épocas- se han declarado impotentes para dictaminar sobre la clase de pinturas en la Imagen; a lo más afirman, junto con Cabrera, que hay en apariencia, determinada clase de colores que al clasificarlos en la Imagen se diría que: cabeza y manos, están pintadas al óleo (pintura que se realiza con aceites desecantes, es la más perfecta según Cabrera); la túnica y el ángel con las nubes que circundan, pintadas al temple (pintura que se hace con pastas y cola o goma); el manto, de aguazo (pintura que se ejecuta humedeciendo el lienzo por el reverso); y el campo en que caen los rayos pintura labrada al temple o llamada fresco por los italianos; siendo esta cuarta, según el parecer de Cabrera, la causa del equívoco, pues por ser una pasta, por el mismo hecho de ir pintando se va cubriendo la superficie.

Lo asombroso del hecho es que estas especies, siendo de suyo tan distintas en su práctica, requieren cada una de por sí distinto aparejo y disposición, y no encontrándose en todas ellas alguno como ya se ha notado, hace más fuerza su maravillosa y nunca vista combinación, pues como atestigua el mismo Cabrera: Hasta que apareció la pintura de Guadalupe, ninguno la había imaginado.

 Copias: Y así no teme en afirmar que si algún pintor tratase de imitar o copiar la Sagrada Imagen en un lienzo de esa calidad e iguales circunstancias, después de un grande y minucioso trabajo no conseguiría su fin.

Y no se engaZó, pues en el aZo de 1785 (27 de diciembre), el doctor don José Ignacio Bartolache y Díaz Posada (nacido en la ciudad de Guanajuato en 1739), hizo el experimento con la finalidad de demostrar los supuestos defectos y equivocaciones en el dictamen de Cabrera y la falsedad de la Aparición; sin embargo se llevó un gran desengaZo pues comenzando por la copia del ayate, donde se iba a plasmar la pintura, de cuatro que mandó hacer ninguno quedó como el original (que es áspero y suave a la vez); y en cuanto a la copia de la imagen (de la que se sacaron dos) no se logró la identidad buscada, de modo que hubo de confesar que estaban bien lejos de ser idénticas las copias, no ya en el dibujo, sino en el modo de pintar, que ciertamente es inimitable aunque en ello se ponga cuanta diligencia humana cabe. Y aún más, una de las  copias se colocó en la capilla del Pocito, próxima a la Basílica de Guadalupe (el 2 de septiembre de 1789), y a pesar de la mucha protección con que se le resguardó, se tuvo que quitar (el 8 de junio de 1796) y arrinconar en la sacristía, pues los colores de desvirtuaron, en algunos lugares se saltó la pintura y en otros los hilos se reventaron, poniendo así de manifiesto el origen sobrenatural de la impresión en la imagen guadalupana.

Dorado: Otra cosa que ha asombrado a los peritos del arte, por ser tan fuera de serie, es el oro y dorado que se encuentra en la Santa Imagen, que según testimonio de Cabrera al verlo la primera vez se persuadió que el oro estaba sobrepuesto como si fuera en polvo y que el más ligero toque o soplo lo haría volar, sin embargo se desengaZó al comprobar lo incorporado que está con la trama, de tal manera que parece que fue, nos dice, una misma cosa el tejerla y dorarla, pues se logran apreciar distintamente todos sus hilos como si fueran de oro, como un oro impreso de molde, no encontrándose en todo el lienzo material alguno de aquellos que se practican para el efecto de dorar, circunstancias que sólo pueden ser de una pintura sobrenatural.

Otro tenaz examinador de la pintura, de nuestros días, resumía así lo extraordinario de este dorado: El dorado es transparente, y debajo se ven los hilos del ayate. Por lo cual concluía que como no hay ningún metal que sea transparente, ese dorado dotado de transparencia no puede ser obra humana.

Perfiles: Otra singularidad en la pintura que asombró a los artífices del arte, es que la Túnica se encuentra perfilada por el contorno y dintorno, por un perfil imposible de realizar por ningún hombre, pues es como del grueso de un cabello, como afirma haberlo visto Cabrera y que han testificado otros pintores más recientes, como el caso del insigne pintor José de Acíbar que en 1795 dice haber comprobado lo dicho por Cabrera pues como él mismo afirma clara, distinta y perceptiblemente las flores doradas de la túnica –al igual que las orlas– están finamente perfiladas con negro de una manera tan sutil como el grueso de un cabello, hechos con raro aseo y primor. El hecho de que hoy en día no luzca tan brillante el dorado de la imagen, como se nos refiere, se debe a lo que ya desde entonces advertía Cabrera y es, que la causa reside en la continua práctica de tocar la imagen con estampas, medallas, etcétera, por lo que este oro ha perdido aquel lustre.

Ángel: El ángel presenta también en su ejecución algo asombroso, pues como refirió Cabrera, ningún pintor ha logrado ejecutar el matiz de las alas del mismo modo que en el original, pues éstas presentan no muy poca dificultad, puesto que las plumas de una y otra ala, se dividen en tres clases u órdenes, de modo que los dos encuentros son de un azul finísimo, al que le sigue un orden de plumas amarillas, y las del tercer orden encarnadas, además de no ser estos colores tan subidos o vivos, como suelen pintarlos.

Estampamiento: Algo más que ha logrado admirar, es que los dobleces tanto del manto como de la túnica, tienen, en lugar de la redondez natural, un quiebre o arista, que acusa la presión suave que todos conocemos y aplicamos cuando queremos que un objeto se estampe en otro.

Pues al analizar la Santa Imagen encontramos:

1 La curvatura del manto se levanta ligeramente de la cabeza, esto debido a la presión del estampamiento.

2 y 3 El manto presenta a la altura de las manos otras aristas formadas por la presión del estampamiento, en vez de que esta parte del borde del manto cayera y se doblara suavemente.

4 La curvatura natural del manto sobre la manga se aplana horizontalmente debido a la presión del estampamiento.

5 Y arriba del mismo brazo izquierdo se ven ciertos pliegues hechos hacia arriba; se deben a que estando esta parte del manto suelta, cayendo del hombro hacia abajo, se levantó por la presión del estampamiento. (En todas las copias de la Imagen Guadalupana omiten los pintores hacer estos pliegues, porque son poco visibles a simple vista y sólo la placa infrarroja los muestra claramente).

6 El Cíngulo se nota perfectamente aplanado.

7 El doblez que se hace debajo de la misma siniestra es otro doblez que debiera ser semirredondo, y se hace horizontal por la presión.

8 Continuando hacia debajo de la misma mano y por el manto se observan ciertas líneas naturales producidas por la presión del estampamiento.

9 Del mismo lado se nota un recorte ondulante y tieso debido a la presión del estampamiento.

10 Al finalizar la cara opuesta del manto se observa otra curva que se aplana debido a la presión del estampamiento.

11 Y al final de dicho lado, en el mismo manto, se observan en forma triangular aristas muy quebradas debido a la presión del estampamiento.

12, 13 y 14 Del lado derecho del manto se observan en el mismo nivel otras artistas formadas por la presión del estampamiento, en vez de caer dando la vuelta con ligera ondulación, que hubiera sido lo natural.

15 Por último se observan en el vestido ciertos pliegues o líneas, que empiezan en la cintura y acaban hasta abajo, que se hacen debido a la presión del estampamiento, perdiendo la suavidad ligera de la tela.

Es conveniente hacer notar que tanto el bellísimo rostro y las manos de la Santísima Virgen, como la cara y las manos del ángel, no revelan deformación alguna por lo que de allí también concluimos que fue una suave presión, es decir, estampamiento, ya que de otra manera no hubiera sido estampamiento, sino algo más fuerte, como aplastamiento o machucamiento.

Proporciones de la Santa Imagen

Ahora, al analizar la Sagrada Imagen en su conjunto llegó a sorprenderles el encontrar en Ella la asombrosa proporción áurea, que viene a ser la expresión más perfecta de la armonía estética, universalmente buscada en las obras de arte de Egipto, Grecia, Roma, en la época del Renacimiento, etcétera. De allí estas palabras de Cabrera: …asombro de perfecciones, pasmo de belleza, suavidad, unión, dulzura y portento del más acendrado primor y valentía que puede imaginarse, como obra de un pincel del cielo que supo unir cuanto tiene de bueno la pintura.

Analicemos la Sagrada Imagen y veamos por qué lo dicen:

Unidad: Vemos cómo la Sagrada Imagen, no obstante la variedad de riquezas que nos presenta con sus formas acabadas con suma perfección, es una en conjunto de sorprendente amplitud, obedeciendo así a la ley artística que dice: No tengáis ojos, primeramente, más que para el conjunto. Interrogadle y no interroguéis sino a él. ¿Cómo se ha logrado esto?

Simetría y asimetría: En la Bendita Imagen podemos encontrar un maravilloso contraste de simetría y asimetría, lo cual es indispensable en cualquier obra para que exista ese orden que dé el equilibrio –no igualdad- en los volúmenes y colores a diestra y siniestra del cuadro, y esto por medio de sutiles y variadísimas compensaciones en volumen y color; en nuestra Santa Imagen sorprende cómo son concebidos cada uno con admirable moderación: de este modo podemos ver rigurosa simetría en la silueta elíptica o resplandor, llamada aureola  de la imagen, que envuelve la figura enmarcándola, contrastando armónicamente con la antisimetría del contorno de las formas de la Inmaculada Virgen; sin embargo, la línea que perfila la aureola, es asimétrico, pues su borde de fuego se perfila como una línea ondulada de curvas diversas y con diferente magnitud, lo cual  evita la desagradable uniformidad; lo mismo podemos decir del fuego que aparece en el contorno, el cual a primera vista luce simétrico y sin embargo resulta irregular cuando es estudiado detalladamente.

El perfil virginal, de tres cuartos a la derecha de la imagen, se vuelve equilibrándose a la izquierda con el manto, ya que el pecho logra lucir una alterada simetría gracias al pliegue, del mismo modo que se altera la simetría de los brazos y manos juntas, por el gran doblez del manto que es recogido por el brazo en la propia siniestra. También podemos apreciar que de la cintura hacia abajo no encontramos ninguna simetría, cerrándose así la composición, mas de una manera admirable, puesto que los volúmenes llegan a equilibrarse en una conclusión maravillosa: porque vemos una túnica que en lugar de terminar sencilla hacia abajo, en una orilla que hubiera sido mísera, luce gran dobladura en forma curvilínea, plegada, que en parte deja ver una franja dorada ocultando suntuosamente los pies; y todo ello sostenido por el ángel, artísticamente y con grande majestad, el cual opone simetría a la antisimetría que llevábamos hasta aquí, gracias a que abre de par en par los brazos, las alas y los ojos; y también por inclinar la cabeza en sentido contrario a la de la Virgen y de detener con sus manos de manera desigual el manto y la túnica. Asimismo la media luna aporta armonía al contraste por enriquecer el final del manto, aun cuando tampoco es simétrica ni en dirección ni en magnitud, dando así otro recurso de variedad.

De modo que esta disposición en lugar de interrumpir la armonía de todo el conjunto o le quite belleza, pasa al contrario, pues mutuamente se hacen resaltar: el resplandor al manto, el manto a la túnica, los pliegues a lo liso, lo simétrico a lo asimétrico.

De todo esto podemos concluir que la variedad múltiple de formas, cuerpo, túnica, manto, resplandor, trono, en juego constante de simetría y antisimetría logra la maravillosa unidad que caracteriza a toda la Sagrada Imagen dignificándola y llegando a ser así admirada con asombro por los más afamados pintores.

Proporción: Del mismo modo, toda Ella es una maravilla en proporciones, pues si miramos su Rostro, en cuanto al arte, es hermoso y perfectísimo en sus formas, pues ni es delgado ni grueso, concurriendo en él aquellas partes de que se compone una buena pintura, como son hermosura, suavidad y relieve; al contemplar su nariz se la observa en bella y correspondiente proporción con las demás partes al igual que su frente y barba, las cuales corresponden con igualdad a tanta hermosura y belleza; sus ojos de manera inexplicable causan regocijo y reverencia, al verlos tan apacibles y amables; cuando llegamos a su boca sorprende, puesto que aun cuando tiene los labios muy delgados, el inferior misteriosamente coincide en una marra o nudo del ayate que elevándolo un poco le da tal gracia que como que se sonríe; su garganta es redonda y muy perfecta.

Tal vez hasta aquí no nos haya asombrado mucho el análisis, sin embargo es de advertir que estas perfecciones que muestra el original del Rostro no se han podido copiar en otra pintura, ni aún la fotografía ha logrado copiarla exactamente, ya que en pequeZo se desvirtúa, esfumándose así (a escala menor que el original), todo su encanto no obstante los progresos reportados ahora por la ciencia. Lograse recabar tan sólo el mérito del Rostro, fotografiándolo a su  tamaZo original.

Difracción e iridiscencia: Además de lo hasta aquí analizado, pasemos a ver lo que ha llegado a sorprender a muchos pintores como al afamado profesor Francisco Camps Ribera, experto en pintura, el cual examinó la tilma en 1954 y 1963; y es que los colores de la Santa Imagen vistos de lejos, aparecen vigorosos, claramente marcando sombras y claros, pero cuando se ven de cerca y con la ayuda de una lupa son borrosos. Tal vez este dato parezca no tenga mucha relevancia, sin embargo si atendemos a la fuente de este fenómeno llegamos a que esto se debe a la difracción de la luz, es decir, a que la luz se desvía mostrando así los cuerpos borrosos. Sin embargo esta técnica es imposible de lograr por manos humanas por lo que no existe en el mundo ninguna otra pintura de la cual se pueda decir lo mismo. Otra cosa que es de admirar, en cuanto al color, es que éste cambia ligeramente según el ángulo desde el que se mira la imagen, lo que se conoce como iridiscencia (hondas de luz reflejada, proporcionando brillantes o destellos) y esto mismo da otra particular característica que consiste en que se vea más grande de lo que en realidad es; otra circunstancia fuera de lo común.

Clasificación artística: Al tratar de ser clasificada, según las reglas del arte, esta Bendita Imagen vuelve a maravillarnos, pues logra reunir las características de una verdadera pintura, propio del llamado arte pictórico, pues en Ella logran notarse volúmenes, conforme a los cuerpos tridimensionales, y que son clasificadas en este arte; y por otra parte también llega a ser, por varios modos, clasificada entre el arte decorativo, el cual siempre se expresa en planicies; lo que resulta al parecer, imposible de conciliar y por tanto maravilloso.

Claroscuro: Otra cosa que llega a sorprender es la estabilización de colores en esta Imagen, el cual es áureo; sorprende ver cómo la luz quedó debajo de las formas, dando al conjunto de la figura entera, la calidad de portentosa lámpara encendida y esto gracias a que la pintura no es de un cuerpo común, es decir, un cuerpo opaco iluminado, sino de un cuerpo refulgente el cual en lugar de tener una sola fuente y dirección de luz, a fin de regular el claroscuro (esto es la mezcla de la sombra con la luz) recibe tantas y tan encontradas luces cuantos rayos solares la rodean, con el resultado prodigioso del más excelente claroscuro, producto de un maravilloso astro que despide rayos áureos a diestra y siniestra sobre fuego, oculto casi todo, que se revela únicamente en los bordes del resplandor.

Barniz: También ha llegado a admirar la brillantez y frescura de sus colores, los cuales, parecen tener luz propia y en esto resulta otra maravilla ya que no se encuentra en Ella el recurso del barniz que artificialmente permite la brillantez y viveza de los colores en otras pinturas, ya que después de aplicados su brillo llega a ser absorbido por la tela o materia dispuesta para trabajar; a lo que se puede agregar que aun hoy en día en nuestra Imagen se conserva dicha característica que ha más de cuatro siglos ya debería de haberse opacado y oscurecido como sucede a todas las pinturas antiguas.

Retoques: En otras cosas que han logrado descubrir los críticos del arte, se encuentra el hecho de haber comprobado que ya desde los primeros aZos de la aparición algunos devotos por una equivocada y tonta piedad quisieron mejorar lo perfecto y enmendar lo divino y así ya el canónigo Francisco de Siles, a cuya iniciativa se levantaron las Informaciones Guadalupanas de 1666, afirmó que pareció a la piedad de los que cuidaban del culto y lucimiento de la bendita imagen que sería bien adornarla de querubines, que alrededor de los rayos del sol le hicieran compaZía y representasen el reverente obsequio que los soberanos espíritus hacen a su Reina en el cielo. Así se ejecutó: pero en breve tiempo se desfiguró de suerte todo lo sobrepuesto al pincel milagroso que por la deformidad que causaba, a vista de la permanente belleza y viveza de los colores de la Santa Efigie, se vieron al fin obligados a borrarlos, siendo esto, en parte, causa de que en algunas partes del rededor de la Santa Imagen parece que están saltados los colores. El padre Cuevas opina que incluso se los pintaron también dentro del mismo sol.

Por su parte, Miguel Cabrera observó que la imagen tenía retoques y sobrepuestos en la misma Efigie teniendo retocados los rayos con oro y la luna con plata. Lo primero se demuestra sencillamente al comprobar que los  actuales rayos no pueden ser los auténticos con sólo contarlos, puesto que el indio Valeriano que vio recién aparecida la Santa Imagen, como ya vimos, afirma que tenía 100 rayos, repartiéndose 50 por cada lado. Aunado a que en 1648 Miguel Sánchez, autor de la primera Historia Guadalupana, afirma lo mismo; sin embargo a partir del siglo XVII y hasta nuestros días, se observan 126 rayos, repartidos 62 por el lado derecho y 67 por el lado izquierdo. La mayor parte de ellos se miran truncados, sin puntas, pues poco a poco se van cayendo por sobrepuestos. En cuanto a la media luna, textualmente asevera el padre Mariano Cuevas, autor del Álbum Guadalupano, la media luna… está también retocada y de ahí que haya dos lunas concéntricas, siendo la exterior la original y primitiva.

Ahora, cabe preguntar si esto ha sido o no en perjuicio y deterioro de la Santa Imagen. A lo que se responde que, naturalmente, pues no sólo ha habido retoques y sobrepuestos, sino también raspaduras para quitar los restos de tales aZadiduras cuando estaban cayéndose, como ya dijimos en el caso de los querubines, y que consta también pasó con la corona enigmática que nos menciona el mismo Valeriano, entre otros, y que sin embargo no se logra apreciar hoy en día. Pero, ¿existió alguna vez una corona?…

Corona:  Conforme a la opinión más acertada del seZor canónigo don Jesús García Gutiérrez, la confusión nació cuando un nefasto retocador tuvo la ocurrencia de pintar sobre la frente de la santa Efigie una raya que uniera las dos puntas de cada lado, al mirar los rayos que  circundan la cabeza de la Santísima Virgen, formando así una especie de peineta, dando como resultando la famosa corona. Por lo que, sí se borró, sola esta raya sobrepuesta en la frente fue la que se borró, dando paso lo artificial y humano a lo divino; o por otra parte la borraron como parece afirmarlo don Antonio Pompa y Pompa, distinguido historiógrafo mexicano, al cual confidencialmente contó el insigne pintor mexicano don Rafael Aguirre, que siendo él discípulo del maestro Salomé PiZa le tocó ver cómo era llamado por el seZor Abad de Guadalupe don Antonio Plancarte, para realizar la desaparición de los restos de corona que aún se veían, secreto que por encontrarse ya en el lecho de muerte no se quería llevar a la tumba con recargo de su conciencia.

Y así si creemos a este testimonio encontramos que no contradice a Valeriano y demás escritores guadalupanos que afirmaron se apareció con corona, ya que por corona pudieron ellos tomar los rayos culminantes sobre la cabeza los cuales suman un total de doce.

Mutilaciones: Ahora, los retoques no ha sido lo único que ha venido agraviando a la Sacrosanta Imagen, pues casi todas las ocasiones que se ha quitado el sagrado Lienzo de su lugar por algún traslado o para colocarle nuevo bastidor o nuevo marco, se le han recortado partes como reliquias. Sí, porque al examinar las imágenes pintadas a fines del siglo XVI y principios del XVII, observamos que en lo alto de la tela tienen bastantes nubes formando un ángulo largo y agudo; lo cual no se logra apreciar hoy en día en nuestra Imagen, pues la Sacra Cabeza de la Virgen casi está pegada al marco y lo mismo consta por las medidas que de la tilma se han venido dando desde 1648, 1675 y 1793 que son distintas y cada vez menores.

Esto no debe extraZarnos pues ya desde el traslado de la Santa Imagen a su primera ermita, el 26 de diciembre de 1531, una tercera parte del ayate del indio Juan Diego, fue cortado y repartido en reliquias, por no tener nada impreso, a destacados personajes y a varias iglesias donde consta que se veneraron (como en la Catedral de México y en la Congregación de Querétaro). Ya que, según la usanza de los indios, los ayates constaban de tres piezas, unidas por las orillas; y el cual ataban por el hombro izquierdo, cubriendo el derecho, dejando así libre la misma siniestra; por lo que media tilma caía necesariamente por delante y media por detrás, siendo un error histórico figurar a Juan Diego con su tilma sujeta por detrás del cuello y sólo caída por delante, lo cual hacían sólo para recoger o cargar algo en ella.

La tilma a través de los ojos de los científicos

Hasta aquí hemos visto lo referente a los dos primeros aspectos, es decir, lo que han logrado apreciar los sencillos y los artistas. Pasemos ahora a la parte tal vez más interesante pues conforme avanza la ciencia y sus inventos, más asombra esta Sagrada Imagen, la cual parece desafiar a todos los tiempos.

Duración del lienzo: La ciencia ha tenido que reconocer su admiración al comprobar, por un lado la misteriosa conservación del pobre ayate donde descansa impresa la bendita Imagen guadalupana, pues como ya observaban los protomédicos que analizaron el lienzo en 1666, es inexplicable la resistencia que ha demostrado, sin tratamiento o cuidado especial a pesar de haber resistido sin ninguna protección durante 116 aZos, a la humedad o salitre, muy abundante y corrosivo en aquellos parajes del Tepeyac, antes de que fuese secado el Lago de Texcoco; mientras que cuadros de más firme contextura y especialmente preparados no duraban más de 20 aZos, y como también afirma Cabrera, aun las maderas y metales no duraban entonces más de un siglo gracias a este clima corrosivo. Además si a esto aunamos que al estar expuesta directamente durante estos 116 aZos sin ningún vidrio, al contacto de toda clase de objetos, al humo de millones de veladoras, velas y virios (pues más de 70 lámparas ardían día y noche enfrente de Ella), y a la imprudente veneración popular, en un altar tan bajo que las manos de cualquiera pudieron tocarla, ¿cuál no debió haber sido su desgaste, naturalmente hablando? ¿Cuántas imágenes, manos y en fin cosas no se frotaron en tantos aZos? Cabrera refiere en 1753, que al estar él presente en una de las tantas veces que se habría la urna o vidriera que cubría la bendita Imagen para la devoción de la gente, dice haber contado 500 imágenes, aparte de rosarios y medallas que frotaron o tocaron al lienzo durante dos horas en que así estuvo abierta; ¿qué decir del contacto que tuvo de espadas y pulseras de mujeres?, pues aunque hubiera sido hecha de bronce, si no fuera por causa sobrenatural, ya se encontraría borrada, rota o destrozada, pues como afirmaba el doctor Uribe en 1795, hacen mella aun en los mármoles y bronces como lo logramos apreciar en Roma en la Escala Santa de mármol y en la Estatua de bronce de San Pedro en el Vaticano

No menos desconcertante y que ha desafiado a la ciencia y aumenta el prodigio de la conservación del lienzo, es que éste consta de dos piezas iguales, cosidas con un hilo de algodón, bien delgado e incapaz de resistir por sí solo cualquier violencia y, ¿qué podemos decir, también, ante el hecho insólito de que a pesar de ser tan frágil resiste y continúa resistiendo la fuerza, peso y tirantez de los dos lienzos que une, por su naturaleza de ser más pesados y muchos más toscos que el débil algodón?… Y pensar que en nuestros días para conservar las obras bellas de las Bellas Artes y para que no se alteren las pinturas, el Museo Británico recomienda: un 60 por ciento de humedad relativa a 60̊F, salas no muy grandes (para así evitar la contaminación atmosférica), fumigaciones adecuadas, control continuo de la temperatura y de la ventilación, eludir reflexiones en los cuadros, precaver la formación de micro-organismos, verificar la ausencia de compuestos azufrosos y de polvos, impedir cambios bruscos en la humedad y en la temperatura, prevenir iluminaciones intensas, control microscópico y tinto métrico, análisis con rayos X, fotografías con luces ultravioleta de onda corta y larga, y al infrarrojo, etcétera.

Resistencia: Científicamente, es también imposible explicar que, cuando le cayó ácido nítrico al Sagrado Lienzo en 1791, mientras unos plateros limpiaban el marco de plata que enmarcaba la Imagen, no se hubiese destrozado el lienzo, lo cual hubiese sido lo más natural, y sin embargo tan sólo se manchó, mancha que aún se puede ver y que con el tiempo se ha ido borrando. Otro hecho que muestra la resistencia sobrenatural de este lienzo, y es científicamente inexplicable, es que haya resistido a la explosión de 1921 (14 de noviembre a las 10:30 a.m.), provocada por Luciano Pérez al colocar un enorme ramo de flores sobre el altar y a los pies de la Sacrosanta Imagen, en donde llevaba escondida una poderosa bomba, que a pesar de destruir las gradas de mármol del altar que sostenían la Virgen, hacer volar por los aires los pesados candelabros, doblar un gran crucifijo de metal que todavía se exhibe en ese estado, convertir en polvo jarrones, floreros y vidrios de casas cercanas a la basílica, además del cristal de un cuadro de San Juan colgado detrás de la Imagen Guadalupana. Prodigiosamente la Imagen de la Virgen no recibió ni un rasguZo; más aún, quedó intacto el cristal que la protegía. (Y entonces no había cristales antibala).

Color: En cuanto al extraZo origen de los colores, la ciencia también ha tenido que inclinarse admirada, pues los análisis hechos a las fibras coloreadas del ayate han sido desconcertantes, pues en 1936 siendo Abad de la Basílica de Guadalupe, don Feliciano Cortés Mora, le dio para su relicario al seZor Francisco de Jesús María Echeverría (obispo de Saltillo en 1905), algunos hilos de la Sagrada Tilma, dos de los cuales, éste último, envió a Alemania para que el químico doctor Ricardo Kuhn (nacido en Viena en 1900), Premio Nobel de Química en 1938, los analizara sin decirle su procedencia. El resultado que mandó fue el siguiente: En las fibras analizadas, una roja y otra amarilla, no existen colorantes vegetales, ni colorantes animales, ni tampoco colorantes minerales… a lo que podemos agregar nosotros, que ni colorantes sintéticos puesto que en 1531, no existían, pues no es sino hasta 1868 cuando se obtiene el primer color sintético a partir del ácido antraquinonsulfónico; lo cual resulta absolutamente desconcertante.

Infrarrojo: La ciencia tampoco ha podido encontrar explicación posible de la imagen ante los procedimientos de la fotografía infrarroja. Ya en 1979 los norteamericanos Philip Callahan y Jody B. Smith, quienes trabajaron en la NASA, quedaron muy sorprendidos al comprobar que realmente la pintura no tiene pinceladas, ni aparejo, ni barniz aplicado sobre la pintura; además de observar que la tela es aprovechada para dar profundidad al retrato, como el aprovechar amarras o nudos para resaltar la figura de los labios y párpados de la Virgen; además lograron observar detalles que a simple vista humana no se logran ver, como que el cabello es suave, ligeramente rizado u ondulado en su caída sobre el hombro derecho; que las cejas y hasta las pestaZas se logran apreciar vistas con placas infrarrojas de mayor fidelidad. En las mismas placas infrarrojas se perciben muchos pliegues de la túnica y manto, que dan al vestido sorprendente naturalidad y que no se alcanza a distinguir a simple vista.

Según ellos no es posible explicar ni el tipo de los pigmentos cromáticos utilizados, ni la permanencia de la luminosidad y brillantez de los colores. Además lograron verificar el perfil del grosor de un cabello, y dado lo tosco y burdo del ayate, que no tolera exquisiteces, este perfil es una prueba del origen sobrehumano de la pintura.

Fenómeno de rechazo: Otro fenómeno no menos singular y que ha dejado desconcertados a los mismos científicos por no tener explicación natural alguna, pues se han hecho estudios sobre tilmas hechas con el mismo material de la Tilma guadalupana y no sucede lo mismo, pues se trata del fenómeno de rechazo que logra presentarse en el ayate de Juan Diego hacia los insectos y aun hacia el polvo suspendido en el aire. Hecho insólito e inexplicable.

Rasgos orgánicos de la Sagrada Imagen

Temperatura: Otra cosa que no ha podido encontrar explicación científica y asombra a la naturaleza, es la aparente vitalidad de la Sagrada Imagen pues en ella se comprueban ciertos rasgos que solamente se encuentran en un ser vivo. Como el hecho de comprobar que a pesar de que hoy en día la Tilma se encuentra colocada sobre una placa metálica cuya temperatura oscila alrededor de los 15̊C, no obstante que el sagrado lienzo descansa sobre ella, éste conserva una temperatura constante de 36̊C, temperatura que caracteriza a un cuerpo humano sano.

Reacción de los ojos: Aunado al hecho de que los ojos de la Sagrada Efigie, vistos a través de un oftalmoscopio de alta potencia, revelan tener profundidad, esto es, que se comportan como los de una persona viva: pues al proyectar la luz de un oftalmoscopio sobre el segmento exterior del ojo, el iris brilla más que el resto, no así la pupila, lo que da una sensación de profundidad; pareciendo, además, como si el iris fuera a contraerse de un momento a otro.

En ellos se logra apreciar el efecto llamado Purkinje – Sanson, en honor a sus descubridores, el doctor Purkinje de Bélgica y el oftalmólogo Sanson de París (hecho en 1860), teoría comprobada y admitida por todas las escuelas y textos de oftalmología.

¿En qué consiste este efecto?…

Es una experiencia que cualquiera puede probar  estudiando el reflejo de su propio rostro, bien iluminado, en su mismo ojo delante de un espejo, o mejor todavía en el ojo de otra persona. La imagen, así vista, es la que llaman primera de Purkinje-Sanson, la cual es reflejada en la córnea, con la misma coloración y un poco distorsionada, ya que la córnea no es plana sino redonda; decimos primera porque se dan una segunda y tercera imágenes (si bien, pueden faltar aun existiendo la primera, pues para que éstas se produzcan, el objeto tiene que permanecer frente a las pupilas); éstas se producen cuando hay poca luz y las pupilas están dilatadas, y así se logran observar en las misas pupilas o al borde de ellas, siendo la segunda más grande y tenue; y la tercera más intensa, pero mucho más pequeZa y es la única que aparece invertida, esto es, boca abajo.

Tal es la forma como toda imagen se refleja en nuestros ojos y como se ha descubierto pasa en los ojos de la Guadalupana; otro hecho no menos sorprendente y que confirma lo que venimos tratando es lo que descubrió en 1991, el doctor Escalante, a saber, la aparente red venosa, microscópica, de un ser humano normal, en los párpados y en la córnea de los ojos de la Virgen.

Imágenes en los ojos: En comprobación de que los ojos de la Santísima Virgen de Guadalupe son del todo similares al de un ser vivo, llegamos al reflejo de ciertas imágenes que se logran apreciar en ellos, a pesar de ser el izquierdo de tan sólo 8mm de diámetro y el derecho de 7mm, las cuales son tan diminutas y prácticamente imperceptibles a simple vista, que sólo se logran apreciar aumentando la imagen de 25 – 30 veces, lo que sería una prueba más de su real existencia y no de una ilusión óptica, ya que la misma amplificación se hubiera encargado de desvanecerlas.

En un principio se creyó ver una sola imagen que podría ser del vidente Juan Diego, sin embargo, gracias al avance científico y tecnológico, sobre todo al llamado “Proceso Digital de Imágenes”, el doctor José Aste Tonsmann, descubrió un total de trece figuras minúsculas, que se reproducen en ambos ojos, con excepción de un solo personaje, que se indicará más adelante.

Pasemos a ver de qué personajes se trata:

El recorrido de las imágenes reflejadas lo haremos desde el extremo derecho de cada córnea hasta el extremo izquierdo, es decir, desde el más cercano a la nariz, cuando se trata del ojo izquierdo, y el más alejado de la nariz en el caso del ojo derecho.

Un indio observa con atención: En el extremo izquierdo de la córnea izquierda, se puede observar la figura de un indio de apenas 3.3mm, el cual aparece de cuerpo entero y sentado en el suelo; parece mostrar la pierna izquierda la cual extiende sobre el piso, mientras que la derecha está doblada y pasa sobre la otra, además al parecer lleva en la espalda una calabaza como depósito de agua. El afirmar que es un indio se basa en la postura que  parece adoptar conforme a la que se ve tienen los indios representados en una de las láminas del Códice Aubin y era la común de aquellos que no acostumbraban usar sillas. Otro detalle significativo es que se logra apreciar bastante bien una arracada en su oreja derecha al igual que se logra apreciar que su cabello es largo y parece que un lazo lo recoge a la altura de las orejas. Las características descritas, según el doctor Aste, nos llevan a pensar que la imagen correspondería a la de algún sirviente del obispo Zumárraga. Siendo ésta la hipótesis más probable. Al ver el otro ojo, logramos apreciar también la misma imagen no ya de cuerpo entero sino tan sólo su rostro, pero que coincide perfectamente con el rostro del ojo izquierdo.

Anciano y asombro de hombre joven: A continuación del indio aparece, también en la córnea izquierda de la Virgen un hombre anciano, que apenas mide 1.6mm. y a cuya izquierda aparece otra figura.

En cuanto a la primera figura, la imagen corresponde a la de un hombre anciano, con una calva bastante grande y brillante en algunas partes. Vemos que conserva un poco de cabello. Su nariz es grande y sobre todo aguileZa, sus ojos aparecen hundidos, y su mirada se dirige hacia abajo. Entre otras cosas se logra apreciar que su mejilla, ya sea por la edad o enfermedad, se halla descarnada mostrando así el hueso molar derecho; además el hueso de la mandíbula sobresale, firme, rígido, y sobre él aparece una barba blanca espléndida. Otra característica sorprendente, es que al parecer una lágrima corre por su mejilla hacia la comisura de sus labios. Todo parece suponer que dicho personaje no es otro que el obispo Juan de Zumárraga, pues llega a tener un gran parecido con el retrato que de él se conserva pintado por Miguel Cabrera. Aunque esto sea tan sólo una hipótesis.

La otra figura que se encuentra cerca del anciano y a su izquierda, a pesar de la dificultad que presenta para ser reconocida, el doctor Aste, precisa que se trata de un hombre joven. Este personaje parece mirar casi de frente, y en una ampliación pueden verse sus ojos, nariz, boca, mejillas, frente y parte de la cabellera. Sus facciones denotan asombro, y debido a su cercanía al presunto obispo de México lleva a pensar que se trata de un traductor, ya que como se sabe el obispo Zumárraga no hablaba el náhuatl y el vidente Juan Diego desconocía entonces el espaZol. Lo que nos lleva al personaje que pudo haber cumplido tal función y que según la tradición se trata del padre espaZol Juan González, intérprete del obispo Zumárraga, según un óleo anónimo del siglo XVIII; hombre joven en la época de la aparición, pues había nacido entre 1500 y 1510.

El rostro de este personaje y el del anciano, aparecen en la córnea derecha en idéntica posición, aunque imprecisos y de menor tamaZo.

Un indio maduro: En la misma córnea izquierda, a continuación de las figuras ya mencionadas, se encuentra un hombre de edad madura y con aspecto de nativo, pues al examinar los rasgos de su rostro, se logra apreciar que tiene pómulos prominentes, barba rala, algo de bigote muy pegado a la cara, labios que parecen entreabiertos y una nariz aguileZa, bastante grande, que constituye el rasgo de la cara más notable y que recuerda la nariz de Juan Bernardino, tío de Juan Diego, que se encuentra representado en la pintura conocida como “El primer milagro”. También se logra ver sobre su cabeza una especie de sombrero con forma de cucurucho que, en opinión de gente conocedora de las costumbres de la época, era de uso corriente entre los naturales dedicados a las faenas del campo; lo que hace más interesante a esta figura es que aparentemente lleva una tilma anudada al cuello, su brazo derecho lo extiende debajo de ella y la despliega en dirección al lugar donde se encuentra el anciano.

En la córnea derecha la posición, facciones y detalles de la cabeza son semejantes; no obstante que la figura sea algo más pequeZa, pues sólo se nota el rostro. Por lo que se concluye que de los rasgos típicamente indígenas, la posición del personaje dentro del conjunto y, sobre todo, la tilma expuesta, no se trata de otro que del vidente Juan Diego, según opinión del doctor Aste.

Mujer negra: En el mismo ojo izquierdo, parada y detrás del indio que hemos seZalado ser Juan Diego, aparece la figura de una mujer, de ojos penetrantes, que mira con asombro lo que ocurre por encima de los hombros del indio. Es el personaje más retirado y sólo puede verse su busto y cara. Su tamaZo es de apenas 0.7mm. Según apreciación del mismo doctor Aste, la tez oscura, la nariz achatada y los labios gruesos del rostro, llevan a concluir que se trata de una mujer de raza negra.

Sobre la cabeza parece llevar un turbante o tal vez se trate simplemente del peinado. La ubicación de este personaje en el contexto, en un principio pareció al doctor Aste un error histórico, sin embargo, ¡cuál no fue su asombro! al comprobar que el padre Mariano Cuevas en su Historia de la Iglesia en México, narra la libertad de una esclava negra concedida, en testamento, por el obispo Zumárraga la cual le había servido en México. Y al revisar el acta de embarque de Zumárraga hacia México, encontró que entre los acompaZantes allí registrados, estaba la esclava negra.

La misma imagen logra percibirse en el ojo derecho  coincidiendo bastante bien la forma y posición del cuerpo, aunque en esta última un foco luminoso impide ver el rostro, como logra apreciarse al comparar ambas imágenes.

Hombre barbado: La siguiente figura, que está ubicada en el extremo derecho de ambas córneas y que es mucho más precisa en la córnea derecha que en la izquierda, es la que erróneamente en un principio se creyó ser Juan Diego (así lo creyeron Alfonso Marcué en 1929 y Carlos Salinas en 1951, que la vieron con una lupa); sin embargo, las ampliaciones confirman que las facciones de este personaje son europeas; en ambas representaciones el personaje muestra una actitud contemplativa; parece ensimismado y su rostro expresa interés y perplejidad. Mantiene la mirada orientada hacia el lugar donde el indio extiende su tilma. Un detalle interesante que puede observarse en la córnea derecha es que el personaje toma su barba con la mano derecha, se nota claramente el dedo pulgar introducido en ella. También se distinguen el hombro, brazo y antebrazo del personaje.

En el ojo derecho aparecen con gran nitidez las tres imágenes de Purkinje–Sanson.  Esas imágenes corroboran lo que varios oculistas descubrieron aZos atrás, como ya hemos mencionado. El porte y dignidad aparentes del personaje, corresponderían a un hombre importante, tal vez un noble de origen espaZol. No es posible, por el momento, identificar con toda certeza al hombre barbado, pero algunos entendidos en la materia especulan que se trataría de don Sebastián Ramírez y Fuenleal, presidente de la Segunda Audiencia de la Nueva EspaZa en ese entonces.

Grupo familiar indígena: En el centro de ambos ojos aparece otro grupo de imágenes, de tamaZo mucho más pequeZo, al que ha denominado el doctor Aste como el grupo familiar. Este grupo de nuevos personajes parecen encerrar un misterio dentro del misterio que venimos analizando ya que los nuevos personajes presentes en este grupo no guardan relación ni proporción con las otras imágenes descubiertas, antes bien resultan ajenos a la escena hasta ahora observada. Además de esto, existen otras particularidades que hacen de este grupo la parte de mayor interés en los ojos de la Santísima Virgen de Guadalupe, ya que dichas imágenes están ubicadas en las pupilas, lugar que ocupan las imágenes precisamente cuando son observadas por una persona viva, pues aunque las córneas reflejen varias imágenes, aquellas en las que la persona centra su visión son las que se encuentran en sus pupilas.

Al analizar a este grupo despunta por su ubicación y tamaZo, una mujer joven de rasgos muy finos, que ocupa el centro del nuevo cuadro en la escena ubicada en la pupila izquierda; su rostro mide, del cráneo a la barbilla, medio milímetro; sobre su cabello parece tener una especie de trenzas o flores entretejidas con el cabello. Lo interesante de esta joven es que parece tener sujeto a la espalda un bebé, por el rebozo y con una cinta para sujetarlo, a la usanza que aún mantienen muchas indígenas de diferentes zonas de América; pudiéndose distinguir en ambos ojos la cabeza del bebé.

En un nivel más bajo y a la derecha de la joven madre, se encuentra un hombre el cual luce un sombrero, y aparentemente está sentado. Entre ambos personajes se observa una pareja de niZos, además de poderse observar una mujer y un hombre maduros los cuales observan la escena ubicados de pie a la espalda de la joven, figuras que se logran apreciar mejor en la pupila del ojo derecho.

Tal como ocurre con las otras imágenes antes analizadas, las correspondientes al grupo familiar se encuentran también en ambos ojos, con excepción del hombre de pie detrás de la mujer que no se ha podido descubrir en el ojo izquierdo. De quiénes se trate, lo ignora el doctor Aste, lo único que sí es seguro es que según la ubicación de estos personajes, es la posición en que debieron caer las flores presentadas por Juan Diego al obispo, y que como afirma él, no logró encontrarlas a lo largo de su investigación.

De todo esto se concluye que científicamente es imposible explicar cómo en el pequeZísimo diámetro de las córneas, de apenas 7 u 8mm, sea posible pintar las miniaturas encontradas en los ojos de la Virgen; más aún si se tiene en cuenta el material tan burdo sobre el que está grabada la imagen. Si una obra de esta naturaleza –con los detalles tan minuciosos como lo expuesto– es imposible para el hombre de hoy, a pesar del desarrollo tecnológico, con mayor razón lo fue para cualquier artista del lejano 1531.

Después de todos estos análisis que hemos hecho, parece lógico concluir que esta Imagen no es de origen humano, pues no tiene explicación científica natural. De aquí que hagamos nuestras las palabras dichas por S.S. Pío XII, de feliz memoria, esta imagen es obra de pinceles que no son de acá abajo.

Y así debe ser un orgullo para nosotros los mexicanos el poder poseer en nuestra nación la especial protección de la madre de Dios en su advocación de Guadalupe, y quiera Dios, por el amor que tiene a su Santísima Madre, que el haber nosotros conocido un poco más acerca del gran misterio que encierra la Sagrada Imagen de María de Guadalupe y su especial predilección hacia nuestro México, dé lugar en nuestro corazón a una mayor devoción hacia Ella, impregnada de un amor filial hacia nuestra Bendita Madre; pues lo que no hizo en Lourdes (Francia), en Fátima (Portugal), y en fin en todas aquellas partes en donde ha posado sus benditas plantas, lo ha hecho con los más pequeZitos de sus hijos, pues como dijera su Santidad Benedicto XIV, acerca del regalo tan especial que nos ha hecho nuestra Santísima Madre, lo que ha hecho con nuestro México: Non fecit taliter omni nationi.

 

La Epopeya de Juan Diego

Pbro. Dr. J. Jesús Ríos.

a humilde y era pobre                               Quiere bajar, en seguida,

de ésos que el mundo desprecia,              a nuestra tierra salvaje

pero que estima y aprecia                           -ahora ya florecida-

el SeZor que justiprecia                              y traernos su Mensaje

lo que es oro y lo que es cobre.                  de fe, amor y de vida.

 

Guarda, cual los más puntuales,                    Se engalana y atavía:

los mandamientos legales:                          queda hermosa como el día

oye Misa, ora en el templo                          y fresca como maZana;

y edifica con su ejemplo                     el sol a su espalda ardía,

a iberios y naturales.                                   la luna era su peana.

 

Ante engaZosos vislumbres,                          Y del Tepeyac la cumbre

jamás vaciló su fe                                 la tiZe la luz de la aurora;

ni dio su virtud traspié.                                el arco iris la colora

¡era águila de las cumbres,                           y mil aves con su dulcedumbre

por su vida y sus costumbres!                              Cantan allí a la SeZora.

 

 

Fue la primer flor nacida,                              Y al bajar, con raudo vuelo,

humilde flor escondida                                  arrancan sus manos bellas

en un rincón de este suelo,                                un girón de nuestro cielo,

pero que honraba la vida                                  muy recamado de estrellas,

y que perfumaba el Cielo.                             que le servirá de velo.

 

María, al sentir su aroma,                            E intentando, como buena,

pregunta de dó ha venido;                                 ganar el alma pagana

mas Ella misma se asoma                                  de la población indiana,

y viendo que ha florecido                                  quiso aparecer morena,

el pueblo que fue vencido,                             muy guapa y muy mexicana.

 

quiere tomar esa flor                             Y ante tan grande desplego

y prendería en su pecho;                                    de gloria y grandeza, luego

quiere embriagarse en su dolor;                          la Virgen habló a la raza,

quiere hacer “lo que no ha hecho                       a la América que pasa

con ninguna otra nación”.                              En persona de Juan Diego.

Fue él, indio de Cuauhtitlán                             María es la _Misionera

quien, con su virtud y celo,                            que, con ternura sincera,

atrajo al azteca suelo,                                    ablanda los corazones

como irresistible imán,                                  y convierte las naciones

la Reina misma del Cielo.                               a la fe que es verdadera.

 

Por él, nuestra Virgen bella,                              Con grandísima alegría      nuestro amor y nuestra Estrella                             y olvidando lo que fue,

en la tilma nos pintó                                        los indios piden la fe,

su imagen y nos dejó                                       y el Anáhuac queda en pie

su gran Corazón en ella.                           ¡por EspaZa y por María!

 

Si la Virgen ha llamado                          Tal es la gran epopeya

al indio su “hijito amado,                                escrita con sangre y fuego

pequeZito y delicado”;                                     y con virtud que destella;

si ha dicho de varios modos                                  mas no existe sin Juan Diego,

que Ella es la Madre de todos,                         ni puede existir sin Ella.

 

en pueblos americanos,                                         Fue grande la heroica espada,

indios y conquistadores,                          pero más grande fue la cruz:

vencidos y vencedores,                                    Esta nos trajo la luz

iberos y mexicanos                                  y aquélla no trajo nada

son, de hoy en adelante, hermanos                         Para el alma conquistada

Y les pidió por Juan diego                             En el Tepeyac se aliaron

que le hagan un templo santo                                  estrechamente dos razas:

donde pueda, son sosiego,                               Cuauhtémoc y el Cid juraron

escuchar siempre su ruego                              amarse siempre y juntaron

y enjuagar siempre su llanto.                          sus corazones y sus casas.

 

Fue, Juan, crisol de crisoles                           Desde entonces, en las eras

que dos razas ha fundido                                  ya no hay choques de banderas;

y vinculado dos soles                                             sólo hay una -según supe-

-mexicanos y espaZoles-                           en nuestras tierras cimeras:

con el Tepeyac querido.                            la virgen de Guadalupe.

 

Y fue el venturoso puente

que tierra y cielos unió:

él sublimó el Continente

y nueva Madre nos dio

para besarla en la frente.

           DÍA DOCE DE CADA MES PARA HONRAR A LA SMA. VIRGEN MA. DE GUADALUPE

 Acto de Contrición

Omnipotente y Sempiterno Dios: lleno de confusión y de vergüenza me postro en tu divina presencia, doliéndome de todo corazón haber ofendido tu inmensa bondad: conozco, SeZor, toda la gravedad de mi delito y de mi ingratitud, pues me he atrevido a ofenderte tantos, cuantos han sido los días que me has conservado la vida que respiro: mucho he desconocido los beneficios que a cada momento me dispensa tu mano liberal.  Mi vida ha sido una serie no interrumpida de crímenes y ofensas a un Dios de infinita bondad.  Mis ocupaciones no han sido otras, que las cosas mundanas y perecederas, que desaparecen como el humo y dejan un vacío inmenso en el corazón del hombre.  Ciego corría precipitado a un abismo sin fin, había sepultado en el olvido tu Ley Santa y quebrantado tus mandamientos; pero ha llegado SeZor la hora en que conociendo mis errores, vengo a llorar mis pasadas ingratitudes; y arrepentido, como el hijo pródigo, vengo a implorar el perdón: aquí me tienes, Padre clementísimo, desnudo de buenas obras, pidiéndote con humildad la vestidura de la gracia; estoy hambriento y quiero saciarme en tu sagrada mesa con el Pan Eucarístico; estoy sediento, y deseo apagar la sed que me devora en ti que eres la fuente de agua viva.  Como oveja extraviada del rebaZo, vuelvo al redil del pastor divino, para no separarme jamás ya del aprisco.   Como navegante en un mar preceloso y enfurecido a merced de los vientos, caminaba en el mar insondable de los vicios; mas tú, Dios mío, con tu poder divino, me sacas ya del precipicio horrible; empieza a lucir para mí la aurora de tu luz divina, se calma ya la borrasca del pecado y llegaré pronto al puerto de salvación, que es el Sacramento de la penitencia; desde hoy, arrepentido de mis culpas, prometo firmemente  no volver a ofenderte y perseverar  en tu santa gracia, esperando que con el auxilio y la intercesión de tu Santísima Madre y Madre mía de Guadalupe, lograré las gracias que necesito para salvarme y al fin de mi vida, verte eternamente y alabarte en la Jerusalén celestial. Amén.

ORACIÓN

Poderosísima Madre y SeZora mía de Guadalupe, único refugio de los pecadores, dulce imán de nuestras voluntades, Eva divina de la gracia, consoladora de los afligidos, Soberana Emperatriz  de los cielos y la tierra; yo te pido humildemente me asistas en el terrible trance de la muerte; pues cuando yo esté luchando con la agonía, mis sentidos estén ya entorpecidos, mi vista eclipsada, el oído tardo, turbadas las potencias, descompuesto el semblante, mi cuerpo próximo a exhalar el último suspiro y mi alma inmediata a presentarse al tribunal de su Criador para darle cuenta de mi vida; mis enemigos estarán dispuestos para acusarme de los innumerables crímenes que he cometido contra Dios de infinita bondad: ¿a quién dirigiré mis ojos y elevaré mi corazón atribulado en tan terrible trance sino a ti que eres Madre de misericordia? A ti solamente me acogeré porque eres la misma clemencia, en ti solamente confío porque nada puede negarte el Ser Supremo, que por obra del Espíritu Santo encarnó en tus virginales entraZas, te eligió para que fueras su amorosa madre y te dio por hijos a los pecadores que intercedieses por ellos: ¿cómo has de permitir que se pierda una alma por quien tu preciosísimo Hijo derramó hasta la última gota de su sangre en el ara Santa de la Cruz?  No, Madre mía, no, yo espero por tu intercesión, ser personado; porque arrepentido he llorado y lloraré mis culpas: en aquel terrible trance tendré que combatir con mis poderosos enemigos, Mundo, Demonio y Carne: el mundo me recordará sus vanidades aunque esté en mi postrera agonía; el demonio, enemigo común de los mortales, me asaltará con las tentaciones más horribles; la carne me brindará aún con los placeres que en mi desarreglada vida apetecí: la lucha ha de ser terrible, mi cuerpo agobiado bajo el peso de los sufrimientos y postrada en el lecho del dolor, no me dejará  ni aliento tal vez, para invocarte; y por lo mismo desee ahora te suplico rendidamente me asistas en ese trance; no me desampares en aquella hora tremenda: ¿qué sería de mí miserable pecador, si tu me abandonarás? ¿qué sería de mí, si no me acogiera bajo las alas de tu misericordia?: abrígame con ellas, como el ave cubre y oculta a sus polluelos para que no los devore otra ave de rapiZa; yo confió en ti; porque ¿cómo me atrevería a imaginar siquiera que me abandonarías, cuando te has constituido el más poderoso refugio de los pecadores, después de Jesucristo? Yo, animado con esta confianza, desde ahora te invoco, desde ahora te convido y poniendo en tus manos preciosísimas mi alma, para que la presentes al tribunal de tu amantísimo Hijo, que como su juez debe juzgarla, así logre por tu intercesión verse en el Paraíso celestial donde eternamente te alabe por todos los siglos de los siglos.  Amén.

Ave María y Gloria Patri

CON LOS SERAFINES.

Dios te salve, Virgen pía,

Bella Emperatriz del cielo,

Del Mexicano el consuelo,

El refugio y la alegría.

Ave María y Gloria Patri:

CON LOS QUERUBINES.

Dios te salve, Luz fulgente,

Que del Empíreo viniste.

Y en el Tepeyac quisiste

Tu poder hacer patente.

Ave María, etc.

CON LOS TRONOS

Dios te salve, pues hiciste

Que un cerro lleno de abrojos,

Con la luz de estos tus ojos

En el jardín lo convertiste.

Ave María, etc.

CON LAS DOMINACIONES

Dios te salve, Sol brillante,

Que en el firmamento brillas,

Y de Lucifer humillas

Esa soberbia arrogante.

Ave María, etc.

CON LAS VIRTUDES

Dios te salve, Luna hermosa,

Aurora del Sol Divino,

En quien se goza Uno y trino

La majestad poderosa.

Ave María, etc.

CON LAS POTESTADES.

Dios te salve, pues de estrellas

Te veo Reina coronada

Y también miro postrada

La Luna a tus plantas bellas

Ave María, etc.

CON LOS PRINCIPADOS.

Dios te salve, porque eres

La  hermosa Arca de la Alianza,

Del mortal firme esperanza;

Bendita entre las mujeres

Ave María, etc.

CON LOS ARCÁNGELES

Dios te salve, Virgen pía,

De Jerusalén la gloria,

De Israel firme alegría,

Del hombre Corredentora.

Ave María, etc.

CON LOS ÁNGELES

Dios te salve, Hija del Padre,

Del Santo Espíritu esposa,

Y también del hombre Madre.

ORACIÓN

¡Oh Reina de los Patriarcas y profetas! ¡Oh Emperatriz soberana del Empíreo!  ¡Oh Madre amorosísima de Guadalupe! Humildemente postrado a tus soberanas plantas, te ofrezco estas nueve Ave Marías, en memoria de los nueve coros de los Ángeles, de quienes eres dignísima Reina; y te pido Madre y SeZora mía, aceptes el pequeZo obsequio que te hago en esta devoción, en memoria de tu milagrosa aparición en el venturoso cerro del Tepeyac; ¡dichoso una y mil veces el suelo Mexicano, pues la Santa Iglesia asegura que no has hecho con otra nación lo que con él!  Yo te doy las gracias Madre y SeZora mía, por todos los beneficios que a cada instante nos dispensa tu mano liberal; te pido y suplico seas siempre nuestra guía y nuestro consuelo en las tinieblas: nos entregamos a ti llenos de confianza, depositamos en tus sagradas manos, nuestras vidas, nuestras familias, nuestros intereses, encárgate, Madre amorosísima, de nuestra tutela, alcánzanos de tu Divino Hijo la pureza en todas nuestras acciones y una resignación perfecta en todo lo que sea de tu agrado: te pido además, SeZora y Madre mía, por la exaltación de nuestra Santa Fe Católica, por las necesidades temporales y espirituales de la Santa Iglesia, por el alivio y descanso de las benditas Animas del purgatorio, por el acierto, salud e intención de nuestro Santísimo Padre y que alcancemos una contrición verdadera de nuestras culpas y un propósito firme de la enmienda, para que llegado el término de nuestra vida, logremos gozar eternamente de ti vista en la gloria.  Amén.

PETICIÓN

Aquí cada uno puede exponer a la Santísima Virgen sus necesidades tanto espirituales como temporales para que se digne remediarlas.

Se reza después una Salve y se concluye con lo siguiente:

 ORACIÓN

Soberana Emperatriz del cielo y de la tierra, amantísima Madre y SeZora mía de Guadalupe, yo me recreo y enajeno al ver tus admirables virtudes; y cuando observo tus ojos hermosísimos y llenos de misericordia, inclinados hacia la tierra, con la mayor gratitud, advierto que los estás dirigiendo a todos los que estamos en este valle de lágrimas: cuando veo tus preciosas manos juntas y en ademán humilde de pedir, conozco que siempre están intercediendo por los pecadores, porque tú eres la Madre más amante de tus hijos. Esa corona que, como a Reina soberana, adorna tus hermosas sienes, nos manifiesta que tienes poder y que por tu conducto debemos alcanzar la gracia de ser perdonados.  Ese astro resplandeciente, que forma una  ráfaga y con sus resplandores te circunda, nos está diciendo que tú eres la aurora hermosa del verdadero Sol de justicia.  Ese manto que, como la bóveda celeste, está manifestando que tú eres su más hermoso firmamento.  Esa luna que a tus sagradas plantas sirve de tapete y a quien con tu belleza opacas sus luces apacibles, nos declara, que tú eres la Luna hermosa y sin menguante.  Ese Querubín alado que te sirve de repisa, en su actitud demuestra, que se complace al estar a las plantas de su Augusta Soberana.  Todo, todo cuanto en ti se observa, pública y engrandece las glorias del Eterno, porque, tú  eres la más hermosa y la más perfecta obra de la creación y, por lo mismo, la escogida para Madre del Divino Verbo.  Tu eres la Escala miseriosa de Jacob, la gloria de Jerusalén y la alegría de Israel.  Toda eres pura y mancha no hay en ti.  Yo te pido, Soberana Reina, que por todas las preeminencias y privilegios que te concedió el Omnipotente Dios, nos concedas una muerte feliz para gozar eternamente de la gloria.

Amén.

Se pide por amor a la Virgen, una sola Ave María por el autor y por los que tomaron parte en su reimpresión.

 

El Asombroso Ayate de Juan Diego