Roma, 1508. La problemática que atraviesa el Vaticano durante el reinado del Papa Julio II no impida que el máximo pontífice encarge la creación de cuarenta estátuas para su tumba al pintor Miguel Ángel Buomarotti. La negativa inicial del artista italiano da paso a la aceptación del proyecto, pero después de varios meses de trabajo, destruye su obra.

Sin embargo, su visión del Géminis conduce a Miguel Ángel a reemprender la que será una de las obras capitales del arte del siglo XVI, pese a padecer una ceguera transitoria y un accidente laboral a lo largo de la confección de los frescos de la Capilla Sixtina.

 

La Agonía y el Éxtasis